Cosas en las que uno piensa antes de hacer cumbre

Hace unos meses, hablé de cómo escribir es parecido a escalar una montaña. Pues bien, no sé si mi montaña actual es un ochomil, pero a mí me lo está pareciendo, tanto que hay veces que el vértigo me paraliza en la ladera y no puedo seguir. En otras ocasiones, aprieto los dientes y subo unos metros, intentando no mirar a la cumbre para no descorazonarme. Porque me queda mucho para hacer cumbre, esa es la verdad.

Por suerte, tengo mis herramientas; sin ellas, me habría costado mucho más llegar tan alto, y seguramente me habría rendido en algún punto del camino. La pura fuerza de voluntad puede hacer que escales un cerro o incluso una montaña pequeña, pero cuando llegas a la cumbre y ves que más allá hay otra montaña, necesitas algo más que fuerza de voluntad.

Después te hablaré de las herramientas. Antes quiero destacar una cualidad mucho más importante, aunque a veces me falle. Y es que lo que importa no son las herramientas, sino tu disciplina para plantarte frente a la montaña cada día y escalar un tramo más. Incluso cuando delante tuyo hay kilómetros de escalada que parece ser imposible. La disciplina te llevará mucho más lejos que cualquier herramienta. El talento sin disciplina es inconstante. El montañero más hábil del mundo nunca podrá hacer cumbre si después de una jornada dura se conforma y se queda en el refugio. Todo el talento del mundo no le sirve a un escritor si no echa horas frente a la página en blanco, o escribe unos párrafos tan solo cuando le apetece. Eso está muy bien para un pasatiempo pero no si quieres hacerlo tu profesión.

Yo reconozco mi pecado. Me ha faltado disciplina en los últimos meses, como puedes comprobar en mis balances mensuales. Tan solo puedo hacer propósito de enmienda, coger mi mochila y mis herramientas, y dar un paso más para seguir escalando esta montaña.

La vista desde aquí es muy hermosa, pero sé por experiencia que no puede compararse a lo que ves cuando llegas a la cumbre. En ese momento, no hay nadie por encima de ti; estás en la cima del mundo y te sientes con justicia el rey de la creación. Después compruebas que más allá hay otra montaña, puede que un poquito más alta o puede que no. Si aguzas la vista, puede que hasta veas a otros escaladores subiendo con esfuerzo por sus paredes.

Detrás de ti están las montañas que ya has escalado. Se ven muy pequeñas comparadas con la que acabas de coronar, y te sorprende recordar los esfuerzos que hiciste en su momento para escalarlas. Llegar a sus cumbres te parecía la empresa más difícil del mundo, pero ahora son hitos en tu camino, nada más que eso. Pero estoy divagando; es lo que tiene ponerse a contemplar el horizonte desde esta altura, que puede ser prodigiosa o una nimiedad, dependiendo de tu perspectiva.

Lo que quería contarte, compañero escalador, es sobre las herramientas. Como te decía, mis herramientas me han ayudado en la escalada y dudo que sin ellas hubiera podido llegar a este punto. Son herramientas muy variadas, algunas no parecen tener un efecto tangible sobre la escalada pero las necesito igualmente si quiero llegar a la cima.

Ahora que estamos solos tú y yo, puedo confesarte que me sorprende cuando escucho a otros montañeros despreciar las herramientas. Parecen pensar que basta con quererlo muy fuerte para conseguir las cosas, pero ambos sabemos que no es así. Como dije antes, puedes subir las montañas más altas sin herramientas pero te va a costar más y te juegas la vida en cada escalada. Las herramientas que usamos los escritores son muy sencillas de usar, pero difíciles de dominar, y esa es la razón por las que hay tantos aspirantes y tan pocos escritores. Algunas son exclusivas pero otras las usan otros escaladores de otros ramos y es bueno que puedas aprender de ellos. Se trata de algo tan simple como ser humilde y reconocer que no lo sabes todo, algo que a muchos les cuesta.

La disciplina te llevará hasta la cima. Las herramientas harán la escalada mucho más fácil. La humildad te hará aprender a escalar mejor y cómo usar mejor tus herramientas.

  • El lenguaje. Es la herramienta más básica pero la que más vas a utilizar durante toda tu carrera. Como escritor, tu herramienta de trabajo son las palabras, así que debes conocer las palabras, cómo funcionan, por qué lo hacen de esa manera y no de otra, y la manera correcta de utilizarlas en toda circunstancia. No es solo saber cuándo poner tilde y cuándo no, sino conocer las reglas del lenguaje. Luego puedes romperlas o ignorarlas, pero tienes que conocerlas. Si no, ¿para que querías escribir, en primer lugar?
  • Las historias. Quizá hayas respondido a la pregunta anterior con un «porque quiero contar historias». Pero las historias son también una herramienta que has de dominar. Tienes que saber cómo se estructuran, cuáles son cada uno de sus elementos y comprender por qué una historia es capaz de enganchar al público mientras que otra aburre a las ovejas. Desde la antigua Grecia, se ha escrito mucho sobre las historias y tú mismo sabes más de lo que crees, pues llevas absorbiendo historias casi desde que naciste. He descubierto que mi subconsciente sabe más que yo de esta herramienta, por eso me aparto en la medida de lo posible y dejo que sea él quien se ocupe. Si eso te da vértigo y necesitas algo más estructurado, parte de lo básico: un personaje, en un escenario, con un problema. De esos tres elementos puedes sacar las más complejas historias.
  • La ejecución. De tu dominio del lenguaje y de las historias depende la ejecución. La historia más apasionante del mundo puede verse arruinada por continuas faltas de ortografía, redundancias innecesarias o palabras usadas de forma incorrecta. De la misma forma, una ortografía y gramática impecable con cada palabra pensada y utilizada en la justa medida es inútil si no cuenta una historia mínimamente interesante. El primer caso es como una casa completamente equipada, pero llena de goteras, agujeros en los paredes y ventanas rotas; tienes que tener aguante para vivir ahí. El segundo es como una casa con una fachada impresionante y rematada de forma perfecta en todas partes, pero que en su interior está vacía; aunque quisieras, no podrías vivir ahí. Puedes aprender a mejorar tu ejecución, asegurándote de que la casa que construyes no tiene desperfectos y el interior tiene todas las comodidades. Si perseveras y sigues aprendiendo, con el tiempo construirás casas cada vez mejores; se llama evolución y todos los escritores la tienen.
  • El entorno. Nadie vive en un ambiente cerrado y los escaladores mucho menos. Siempre tienes que controlar tu entorno, estar atento a esa nube que asoma por el horizonte por si se convierte en tormenta unas horas después, saber por dónde sopla el viento y mil circunstancias externas más. Para un escritor independiente, es igual de importante conocer todo lo que pueda afectarle: tiene que estar al tanto de las noticias que suceden en su industria, desde un cambio en las políticas de Amazon hasta que Play Books ya no admite nuevas cuentas; tiene que saber qué tiendas online existen, qué formatos de libro electrónico acepta cada una y cuales son las comisiones que cobra; tiene que conocer las convenciones y los éxitos de los géneros en los que escribe, para asegurarse de dar a sus lectores lo que quieren; y tiene que permanecer informado, porque todo cambia de un momento para otro y las prácticas que eran muy efectivas hace unos años (como poner gratis tus libros en Amazon) ya no lo son en absoluto. Todo eso es estar pendiente de tu entorno; mira, escucha y aprende.

Estas son solo las herramientas más importantes; hay unas cuantas más, pero ya está amaneciendo y es hora de que continúe con mi escalada particular. No sé hasta dónde llegaré en esta jornada, pero por poco que avance ya estaré más cerca de la cumbre que ayer.

¿Y tú? ¿Qué vas a hacer hoy para estar más cerca de la tuya?

¡Feliz escritura!

Imagen montaña: Rohit Tandon vía Unsplash.

Imagen equipación: Cameron Kirby vía Unsplash.

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