Algunas notas sobre la creación de historias (tercera parte)

Vuelvo a retomar esta serie aperiódica sobre la creación de historias, con el tercer componente básico que me queda por examinar. Si recuerdas las anteriores entregas (aquí y aquí), en ellas hablaba de que toda historia que valga la pena contar tiene un Personaje, en un Escenario, con un Problema. Ya examiné al Personaje y el Escenario, así que ahora me queda hablar del Problema.

El Problema es el conflicto de la historia, el obstáculo que debe superar el Personaje. Es el elemento que da vida a una historia y hace que nos interesemos por ella. Si no hay un Problema, tu historia carecerá de cualquier interés y el lector pasará de largo por ella.

Podría embarcarme ahora en una clasificación de los tipos de Problema que puedes tener en tu historia, y hablarte de conflictos externos e internos. Pero con esta serie lo que pretendo es sistematizar lo que he ido aprendiendo en estos años y simplificarlo, así que no lo haré. En su lugar, te voy a hablar de cómo planteo yo el problema en mis historias.

El Problema es el obstáculo que evita que el Personaje culmine su viaje e, idealmente, está relacionado con su defecto, al menos el Problema principal. Porque una buena historia tendrá también otros problemas secundarios que resolver, ¿o acaso pensabas que con un obstáculo te valía?

En cualquier caso, como narrador de la historia, tu papel es dosificar esos problemas e introducirlos a medida que sea necesario, subiendo las apuestas con cada uno hasta llegar al desenlace de tu historia.

Piensa, por ejemplo, que Frodo Bolsón no tiene que enfrentar el problema de destruir el Anillo Único nada más empezar la historia. No, su primer problema es salir de la Comarca para llegar a Bree, encontrando una serie de obstáculos en el camino. Cuando llega a Bree, Gandalf no está y debe seguir el consejo del misterioso Trancos para llegar a Rivendel, encontrándose aún más obstáculos. Cuando llega a Rivendel, su historia debería terminar en el Concilio de Elrond después de entregar el anillo, pero nadie más que él puede llevarlo por lo que ahora recae sobre él la responsabilidad de destruirlo. Y así inicia un nuevo viaje, acompañado de la Comunidad del Anillo.

Quizá sea un análisis demasiado simplista, pero sirve para que veas como los problemas van escalándose y aumentando. El riesgo es cada vez mayor y la implicación del lector también, subiendo la tensión hasta llegar al clímax de la historia.

Sin embargo, debes tener cuidado. Si aumentas la escala de los problemas del protagonista de una manera que no es lógica, el lector se va a dar cuenta. El problema que presentes debe tener una razón de ser lógica dentro de la historia y debe respetar la verosimilitud de la misma.

Esto es especialmente clave en géneros como la novela histórica donde —por ejemplo— en una historia de la Hispania romana donde el Problema principal sea sobrevivir al crudo invierno no puedes meter alegremente un barco vikingo que ataque la villa del protagonista para subir las apuestas. No solo está la cuestión de la realidad histórica y la cronología (aunque siempre pueden encontrarse formas de salvar esos detalles) sino que un nuevo Problema de esa magnitud debe tener una importancia en la historia más allá de que tu protagonista las pase canutas. De hecho, un concepto como un desembarco vikingo en la Hispania romana debería ser un punto principal de tu historia y no solo un problema más. 

Como ves, el Problema es una parte primordial de tu historia, tanto que puede determinar el género al que pertenece.

Piensa, por ejemplo, que si estás escribiendo una novela romántica, el problema principal será siempre la separación de los dos protagonistas. Puede que la pareja protagonista haya comenzado junta, se separe y termine de nuevo junta al final, o bien que se conozcan al inicio de la historia y deban luchar para terminar juntos. En cualquiera de los dos casos, el problema principal es su separación.

Si en vez de eso, haces que el problema principal sea la búsqueda de la madre de la protagonista, la historia deja de ser una novela romántica. Puede ser un thriller si resulta que la madre está secuestrada o una historia más literaria si la protagonista busca a la madre como medio de recuperar su juventud perdida. En cualquiera de esos dos casos, la historia de amor pasa a segundo plano, por lo que el género cambia.

Como bien puedes imaginar, el Problema nunca puede tener una solución fácil. Al lector no le interesan. Todos sabemos que Gandalf podría haber convencido a las Águilas para que llevaran a la Comunidad del Anillo a Mordor, pero ¿qué interés tendría esa historia?

Nunca tengas miedo de dar a tu protagonista un problema demasiado grande. Puede que te sorprendas con los resultados. Lógicamente, la magnitud del problema debe estar dentro de los parámetros de tu historia o del género en el que escribes. No es lo mismo que el problema sea conquistar (o reconquistar) a tu chica/o que destruir el nuevo prototipo nazi de bomba nuclear o evitar que la civilización galáctica que invade el sistema convierta el Sol en una supernova. La escala de la historia determina el problema, y viceversa. 

Con eso concluye esta parte dedicada al Problema. En la próxima entrega, terminaré el esquema que inicié en la primera parte y te mostraré cómo crear una trama y cuál es el esquema que debes seguir para crear una buena historia.

Hasta entonces, ¡feliz escritura!

Imagen: Ellie Adams vía Unsplash

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